sábado, 14 de abril de 2007

Capítulo 1: Una manzana...

Ondas. Ondas que se forman en el agua cuando una gota cae en su superficie cristalina. Ondas que se dispersan en todas direcciones, afectando toda el agua, incluso aunque parezca que las partes más alejadas no sufrirían ningún cambio.

Consecuencias.

El jinete se inclinó sobre su montura y espoleó al animal para que acelerara el ritmo de su galope. El viento le daba en la cara, llenándole el rostro con el roció de la fría mañana. Pero el jinete permanecía con expresión imperturbable, galopando hacia el oeste, huyendo del amanecer, pensando en las consecuencias.

...

Muy lejos de ahí, un elfo de larga cabellera blanca fijaba en la mira su objetivo. La cuerda del arco tensa, la cabeza del arquero ligeramente ladeada para poder centrar mejor su blanco.

Soltó la cuerda. La flecha salió disparada cortando el aire con un apagado sonido. Con una certeza infalible, atravezó los árboles sin siquiera rozar una hoja o una rama, y fué directa hacia el tallo de la manzana roja que colgaba de un árbol. Pero no cualquier manzana, sino aquella que estaba situada justo encima de la cabeza pelirroja de un barbudo enano que dormitaba con la espada pegada al tronco del árbol, que fue a caer, como era lógico, sobre el dormido personaje.

-Por Moradin! Qué rayos...? - La mirada del Enano fué a caer en la figura que lo miraba con una expresión divertida en la cara, apoyado en un árbol. El elfo no tenía el arco en la mano, pero el enano sabía la rapidez con la que podía sacar cualquiera de sus armas-Condenado elfo! No contento con despertarme tienes que tirarme manzanas en la cabeza?-

El drow, es decir el elfo oscuro, se echó a reir.

Aquél era todo un personaje, se dijo el enano, recorriendo con la mirada a su inoportuno despertador. El nombre del drow era Drizzt, y tenía una historia digna de ser contada.

Nacido entre los elfos oscuros, una raza de despiadados asesinos, Drizzt era alguien muy distinto a la media de su gente en todos los sentidos posibles. Guerrero entre guerreros, Drizzt era casi un paladín de la justicia, exiliado por propia decisión del mundo injusto de su gente para seguir el camino que creía el correcto.

Aquella forma de ser le había llevado, los últimos años, a volverse cada vez más y más injusto y severo consigo mismo, en ocasiones incluso a dar la impresión de sentirse constantemente deprimido, como si su propia perfecta moral le hubiera quitado algunas de las alegrías más simples de la vida.

Pero hacía un par de días, la actitud de Drizzt había cambiado de Pe a Pa. Bruenor, el enano, no comprendía que era lo que había pasado, pero ahora Drizzt volvía a tener una personalidad más parecida a la que le había conocido cuando vivían en el Valle del Viento Helado, algo más relajada, incluso algo temerario y bromista. Aunque Bruenor no comprendía lo que había pasado, se sentía felíz por su amigo y compañero drow.

Bruenor suspiró. En fin.

-Qué quieres, elfo? Para qué me has despertado?-
-Quién dice que te he despertado yo?- preguntó Drizzt con una sonrisilla. -Te ha caído una manzana en la cabeza, es todo.-

Bruenor bufó. Talvez no era tan buena la nueva actitud del elfo.

-Aunque te ha caído en el momento justo.- admitió el drow, encogiéndose de hombros.- Iba a despertarte. Hay un par de sujetos que te buscan.-
-Me buscan? Cómo que me buscan?- Bruenor se volvió a ver al drow con súbito interés.

La expresión del drow era totalmente hermética y no le dijo nada al enano. Se dirigió a guiarle hasta el lugar al que le estaban esperando.

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