lunes, 16 de abril de 2007

Capítulo 1 (continuación) y Capítulo 2 (Inicio)

-¡Oye, tú, drow!- Drizzt se volvió a verle levantando la mirada de su trabajo manual. -¿Qué opinarías de emprender un nuevo viaje de aventuras?-

Los ojos del elfo oscuro respondieron con un destello emocionado, y el barbudo enano no tuvo que saber nada más.

Capítulo 2: Viaje al Monte Muerte.

El agua estaba turbia.

Estaba turbia por las ondas que había dejado esa pequeña gota de apariencia insignificante al caer sobre la superficie del agua. Ahora se había roto la calma, el agua en quietud se movía ahora en movimiento ondulante, transmitiendo las consecuencias, haciendo a toda el agua cambiar su posición, a la fortuna del mundo subir y bajar, subir y bajar con el vaiven de las olas

Pensar que sólo era una gota.

La silueta del jinete se perfilaba con el sol a su costado. Ahora, al atardecer, había cambiado su rumbo hacia el sur, hacia los puertos. Tenía que llegar a tiempo. Tenía que adelantarse a las consecuencias, pues una vez que le alcanzaran, quedaría atrapado en el vaiven de las olas, que era su propio destino.

El agua estaba turbia.

...

Drizzt y Bruenor viajaban al paso de un viajero avezado. Sin prisas, pero sin pausas. No se detenían a mirar el paisaje ni lo que les rodeaba, demasiado apresurados estaban por la tarea que les llevaba.

Al menos, Bruenor lo estaba.

Drizzt estaba desconcertado por el súbito apremio del enano. Hacía un par de días, hubiera estado preocupado por encima de todo, pero ahora, si bien preocupado si estaba, se sentía más bien curioso. ¿Qué podría llevar a Bruenor con tanta prisa?

Algo muy peligroso, seguramente.

Hace unos días, el elfo oscuro se hubiera erguido y preparado para lo peor. Ahora también lo hizo, pero además, una chispa de arrojo y emoción asomó a sus bellos ojos violeta. Con el ansia de batalla dibujada en las finas facciones, comprobó que sus cimitarras, las armas predilectas del drow, salieran con toda facilidad de sus vainas. El elfo tiraba bien, pero su verdadera destreza era con aquellas armas. Era un perfecto espadachín.

Sonrió. Sonrió al pensar en su mentor, Zaknafein, quien le había enseñado a pelear también. Al final, el estudiante había superado a su maestro, pero sin él...

Sin él talvez hubiera sucumbido a las perversas tradiciones de los drows.

Drizzt sonrió más ampliamente. Su vida no era mas que una serie de coincidencias que lo habían llevado a convertirse en lo que era. Coincidencias. Un instante de diferencia en la muerte de Nalfein, su hermano, y Drizzt no estaría vivo. Y no habría leyenda.

Un simple segundo. Algo tan pequeño podía producir un cambio tan grande...

Drizzt se volvió a mirar a Bruenor. No entendía la actitud del enano, quien no había pedido a ninguno de sus otros compañeros que le acompañase, sólo a Drizzt. El drow no lo entendía. Ni siquiera había avisado a donde iban, simplemente se había limitado a decir a Catti-Brie que partía con Drizzt y que no sabía cuando volvería. De Regis no se había ni despedido. Drizzt no lo entendía.

El enano se limitó a seguir mirando al camino, haciéndolos continuar por la senda. Drizzt dejó de preocuparse. Ya le diría Bruenor a su debido tiempo que ocurría.

Como si le hubiera leído el pensamiento, Bruenor dijo:

-Vamos al Monte Muerte, elfo.-

Drizzt asintió con la cabeza, si bien no había entendido lo que el enano quería decirle, y el lugar no le sonaba para nada.

-¿Lejos?- preguntó.
-Mucho.- respondió el enano, mirando al horizonte con la mirada perdida
-¿Tardaremos mucho en llegar?-
-No tanto. Más bien, tardaremos mucho en otra cosa.-

Drizzt frunció el cejo.

-¿En qué?-En olvidar, elfo. En olvidar.-

sábado, 14 de abril de 2007

Caminaron durante algunos minutos, mientras lo hacían el Drow volteaba constantemente y observaba la cara de Bruenor que mostraba inquietud de conocer quienes solicitaban su presencia, después de su caminata llegaron a Palcan, (pueblo ubicado al Norte de la Capital del Estado Mayor), Al entrar, Bruenor tuvo un mal presentimiento al sentir una corriente de aire que lo dejo petrificado por unos segundos, lo que hizo que su mirada se fijara en cualquier cosa que se moviera y lo tuviera muy tenso, tanto que cuando Drizzt le toco el hombro para dirigirlo a la zona de reunión el desenvainó su espada y por poco partía a la mitad a su acompañante, si no es porque el Drow fue lo suficientemente rápido para hacerse a un lado; Rayos!, Acaso quieres matarme o que?- Dijo el Drow con una cara de pocos amigos, Claro que no idiota, pero tu tienes la culpa, quien te manda a asustarme de esa forma?- Respondió Bruenor con ira. Tardaron unos segundos recobrando el aliento por su discusión hasta que Drizzt dijo: -Ya no falta mucho, las personas que te buscan están en este momento en la taberna de Russ, ¡vamos!, que no tengo intención de esperarte, al terminar de decir eso el Drow comenzó a caminar otra vez con dirección al centro del Pueblo, detrás de el, caminaba con paso rápido Bruenor para alcanzar a su acompañante, después de un par de minutos de caminata, ellos llegaron a un pequeño local que tenia un letrero que decía: -La Taberna de Russ, solo lo mejor. Enseguida, Drizzt dijo: -Hemos llegado, aquí es donde están las personas que te buscan, ahora te diré que son unos humanos que al parecer provienen de alguna Región lejana, pero no estoy seguro, es mejor que tu lo averigües, yo te estaré esperando afuera, sabré que necesitas ayuda si comienzo a oír destrucción ahí adentro, así que mejor entra y terminemos con esto. El enano no muy convencido vio con recelo al Drow y entro a la taberna, esta se encontraba totalmente vacía a excepción de tres sujetos con capas negras que les cubrían la cara, que se encontraban sentados en una mesa al fondo del lugar, obviamente esto no le daba nada de confianza al enano, pero de todas formas el se acerco a la mesa donde se encontraban esos sujetos, al encontrarse apoca distancia de la mesa uno de los sujetos se levanto y dijo: -Supongo que tu eres Bruenor, eres justo como te describieron los Maestros del Monte Muerte, el individuo comenzó a quitarse la capucha que le cubría la cara dejando ver a un joven de corta cabellera rubia, detrás de el los otros dos sujetos se levantaron y se quitaron la capucha dejando ver a una jovencita que no debía de pasar las dos décadas de vida y a otro joven de cabellera negra, después de que el enano observo bien a los sujetos dijo: -Si, yo soy Bruenor, hace mucho que no escuchaba de los Maestros del Monte Muerte, quienes son ustedes y para que querían verme?. Por supuesto, -dijo el joven de rubia cabellera, Disculpe nuestros modales, mi nombre es Taylor, ella es Kimberly señalando a la jovencita de cabello rubio, y Jeff señalando al joven de cabello negro, por favor tome asiento, el enano tomo asiento en la silla que se encontraba frente a ellos y enseguida los forasteros tomaron asiento también, Taylor comenzó a contarle todo acerca del viaje desde el Monte Muerte hasta Palcan, en donde el drow que estaba sentado en la mesa contigua había oído la conversación acerca de cual seria el paradero actual de Bruenor, y que el les había dicho que podía ayudarlos, y que esperar ahí mientras lo iba a buscar, luego de eso Taylor comenzó a contarle lo mas importante que era la razón por la cual lo buscan, diciendo: -Lo buscamos a usted porque han pasado ochenta años desde que usted junto a los cuatro maestros de los elementos, los paladines de Northwest y los Antiguos guerreros de Nuther pelearon contra el ejercito comandado por el Señor del Mal, y ahora tenemos la triste noticia de decirle que el guardián de la tumba secreta donde se encontraba encerrado el Señor del Mal, ha sido saqueada por antiguos seguidores de este, y ahora esta libre y piensa volver a juntar a su ejercito para destruir todo lo que tenga frente a el y gobernar el mundo, pero hay algo mas grave que eso, me temo que los seguidores del Señor del Mal se han apoderado del cetro de las mil almas y es posible que lo use para resucitar a todos sus antiguos aliados que pelearon con el la ultima vez; Bruenor no podía creer lo que oia, en su cara se veía una expresión de desconcierto, de terror, de enojo, preocupación; luego de unos segundos de pensar en lo que había oído dijo: -Díganme una cosa, es posible llamar a los maestros de los elementos, a los paladines y a los antiguos guerreros en algún lugar, necesitamos una estrategia para esta catástrofe, Claro – respondió Taylor, Usted era el ultimo en nuestra lista, todos ellos se encuentran en este momento en el Castillo de los Maestros del Monte Muerte, ahí lo esperan a usted y a cuantos mas piense usted que son de confianza y quieran luchar contra el Señor del Mal, ahora señor Bruenor, nosotros tenemos que iniciar nuestro viaje de regreso, esperamos c ontar con su ayuda para esta guerra que esta por comenzar, los tres jóvenes se levantaron de la silla, se colocaron en el centro de la sala y detrás de una ráfaga de aire desaparecieron, mientras tanto, Bruenor seguía pensando en lo que le habían dicho los jóvenes, se levanto de la mesa y se dirigió a la puerta, salió de la taberna y busco con la mirada a su compañero Drizzt y vio que se encontraba encima de unos troncos dándole filo a una de sus flechas, se acerco a el y dijo:

Capítulo 1: Una manzana...

Ondas. Ondas que se forman en el agua cuando una gota cae en su superficie cristalina. Ondas que se dispersan en todas direcciones, afectando toda el agua, incluso aunque parezca que las partes más alejadas no sufrirían ningún cambio.

Consecuencias.

El jinete se inclinó sobre su montura y espoleó al animal para que acelerara el ritmo de su galope. El viento le daba en la cara, llenándole el rostro con el roció de la fría mañana. Pero el jinete permanecía con expresión imperturbable, galopando hacia el oeste, huyendo del amanecer, pensando en las consecuencias.

...

Muy lejos de ahí, un elfo de larga cabellera blanca fijaba en la mira su objetivo. La cuerda del arco tensa, la cabeza del arquero ligeramente ladeada para poder centrar mejor su blanco.

Soltó la cuerda. La flecha salió disparada cortando el aire con un apagado sonido. Con una certeza infalible, atravezó los árboles sin siquiera rozar una hoja o una rama, y fué directa hacia el tallo de la manzana roja que colgaba de un árbol. Pero no cualquier manzana, sino aquella que estaba situada justo encima de la cabeza pelirroja de un barbudo enano que dormitaba con la espada pegada al tronco del árbol, que fue a caer, como era lógico, sobre el dormido personaje.

-Por Moradin! Qué rayos...? - La mirada del Enano fué a caer en la figura que lo miraba con una expresión divertida en la cara, apoyado en un árbol. El elfo no tenía el arco en la mano, pero el enano sabía la rapidez con la que podía sacar cualquiera de sus armas-Condenado elfo! No contento con despertarme tienes que tirarme manzanas en la cabeza?-

El drow, es decir el elfo oscuro, se echó a reir.

Aquél era todo un personaje, se dijo el enano, recorriendo con la mirada a su inoportuno despertador. El nombre del drow era Drizzt, y tenía una historia digna de ser contada.

Nacido entre los elfos oscuros, una raza de despiadados asesinos, Drizzt era alguien muy distinto a la media de su gente en todos los sentidos posibles. Guerrero entre guerreros, Drizzt era casi un paladín de la justicia, exiliado por propia decisión del mundo injusto de su gente para seguir el camino que creía el correcto.

Aquella forma de ser le había llevado, los últimos años, a volverse cada vez más y más injusto y severo consigo mismo, en ocasiones incluso a dar la impresión de sentirse constantemente deprimido, como si su propia perfecta moral le hubiera quitado algunas de las alegrías más simples de la vida.

Pero hacía un par de días, la actitud de Drizzt había cambiado de Pe a Pa. Bruenor, el enano, no comprendía que era lo que había pasado, pero ahora Drizzt volvía a tener una personalidad más parecida a la que le había conocido cuando vivían en el Valle del Viento Helado, algo más relajada, incluso algo temerario y bromista. Aunque Bruenor no comprendía lo que había pasado, se sentía felíz por su amigo y compañero drow.

Bruenor suspiró. En fin.

-Qué quieres, elfo? Para qué me has despertado?-
-Quién dice que te he despertado yo?- preguntó Drizzt con una sonrisilla. -Te ha caído una manzana en la cabeza, es todo.-

Bruenor bufó. Talvez no era tan buena la nueva actitud del elfo.

-Aunque te ha caído en el momento justo.- admitió el drow, encogiéndose de hombros.- Iba a despertarte. Hay un par de sujetos que te buscan.-
-Me buscan? Cómo que me buscan?- Bruenor se volvió a ver al drow con súbito interés.

La expresión del drow era totalmente hermética y no le dijo nada al enano. Se dirigió a guiarle hasta el lugar al que le estaban esperando.