-¡Oye, tú, drow!- Drizzt se volvió a verle levantando la mirada de su trabajo manual. -¿Qué opinarías de emprender un nuevo viaje de aventuras?-
Los ojos del elfo oscuro respondieron con un destello emocionado, y el barbudo enano no tuvo que saber nada más.
Capítulo 2: Viaje al Monte Muerte.
El agua estaba turbia.
Estaba turbia por las ondas que había dejado esa pequeña gota de apariencia insignificante al caer sobre la superficie del agua. Ahora se había roto la calma, el agua en quietud se movía ahora en movimiento ondulante, transmitiendo las consecuencias, haciendo a toda el agua cambiar su posición, a la fortuna del mundo subir y bajar, subir y bajar con el vaiven de las olas
Pensar que sólo era una gota.
La silueta del jinete se perfilaba con el sol a su costado. Ahora, al atardecer, había cambiado su rumbo hacia el sur, hacia los puertos. Tenía que llegar a tiempo. Tenía que adelantarse a las consecuencias, pues una vez que le alcanzaran, quedaría atrapado en el vaiven de las olas, que era su propio destino.
El agua estaba turbia.
...
Drizzt y Bruenor viajaban al paso de un viajero avezado. Sin prisas, pero sin pausas. No se detenían a mirar el paisaje ni lo que les rodeaba, demasiado apresurados estaban por la tarea que les llevaba.
Al menos, Bruenor lo estaba.
Drizzt estaba desconcertado por el súbito apremio del enano. Hacía un par de días, hubiera estado preocupado por encima de todo, pero ahora, si bien preocupado si estaba, se sentía más bien curioso. ¿Qué podría llevar a Bruenor con tanta prisa?
Algo muy peligroso, seguramente.
Hace unos días, el elfo oscuro se hubiera erguido y preparado para lo peor. Ahora también lo hizo, pero además, una chispa de arrojo y emoción asomó a sus bellos ojos violeta. Con el ansia de batalla dibujada en las finas facciones, comprobó que sus cimitarras, las armas predilectas del drow, salieran con toda facilidad de sus vainas. El elfo tiraba bien, pero su verdadera destreza era con aquellas armas. Era un perfecto espadachín.
Sonrió. Sonrió al pensar en su mentor, Zaknafein, quien le había enseñado a pelear también. Al final, el estudiante había superado a su maestro, pero sin él...
Sin él talvez hubiera sucumbido a las perversas tradiciones de los drows.
Drizzt sonrió más ampliamente. Su vida no era mas que una serie de coincidencias que lo habían llevado a convertirse en lo que era. Coincidencias. Un instante de diferencia en la muerte de Nalfein, su hermano, y Drizzt no estaría vivo. Y no habría leyenda.
Un simple segundo. Algo tan pequeño podía producir un cambio tan grande...
Drizzt se volvió a mirar a Bruenor. No entendía la actitud del enano, quien no había pedido a ninguno de sus otros compañeros que le acompañase, sólo a Drizzt. El drow no lo entendía. Ni siquiera había avisado a donde iban, simplemente se había limitado a decir a Catti-Brie que partía con Drizzt y que no sabía cuando volvería. De Regis no se había ni despedido. Drizzt no lo entendía.
El enano se limitó a seguir mirando al camino, haciéndolos continuar por la senda. Drizzt dejó de preocuparse. Ya le diría Bruenor a su debido tiempo que ocurría.
Como si le hubiera leído el pensamiento, Bruenor dijo:
-Vamos al Monte Muerte, elfo.-
Drizzt asintió con la cabeza, si bien no había entendido lo que el enano quería decirle, y el lugar no le sonaba para nada.
-¿Lejos?- preguntó.
-Mucho.- respondió el enano, mirando al horizonte con la mirada perdida
-¿Tardaremos mucho en llegar?-
-No tanto. Más bien, tardaremos mucho en otra cosa.-
Drizzt frunció el cejo.
-¿En qué?-En olvidar, elfo. En olvidar.-