miércoles, 20 de junio de 2007

Anna ahogó una risita. Bruenor, por su parte, prefirió soltar una risa franca.

-Te estás comportando como un novato, elfo. ¿No has visto ya lo suficiente como para comprender que éstos dos oponentes son formidables rivales, incluso para tí?-

Bruenor tenía razón. Era una tontería. Con un suspiro de resignación, guardó el arco en la funda que llevaba a la espalda y, para su propia decepción, no sacó las cimitarras. Empezaba a desear algo de aventura... ésto estaba poniéndose monotono. La paciencia había sido siempre una de sus mejores cualidades, pero eso no le quitaba lo frustrado que estaba.

-Lo siento.- se disculpó.- Estoy un poco aburrido.-

Anna esbozó una sonrisa. Rick la miró de reojo. Era un muchacho alto, con el cabello Negro y la piel morena. Parecía curioso que vinieran del mismo lugar, porque él parecía habituado a un clima distinto. Llevaba polainas de un color tierra clara con un cinturón en cuya enorme hebilla aparecía el símbolo de una espiral. Llevaba una túnica corta, fajada, bordada con hilos de plata con un símbolo en el que aparecía una pirámide pentagonal sobre la que había un sol partido en dos.

Anna, por su parte, llevaba una falda negra larga hasta el suelo, amplia y ligera, y una camisa color beige con mangas al codo muy sencilla. Llevaba el largo cabello recogido en una cola y miraba un poco de reojo a Rick.

-No tienes porqué preocuparte.- dijo la chica.- Dentro de pronto vas a tener bastantes distracciones.-

Drizzt sonrió. Rick lo miró con algo de recelo.

-No me presenté,- dijo el drow.- mi nombre es Drizzt Do'Urden. Y mi compañero es Bruenor Battlehammer.-
-¿Bruenor Battlehammer?- preguntó Rick con admiración.- ¿El Bruenor Battlehammer que peleó junto a los cuatro maestros de los elementos, los paladines de Northwest y los Antiguos Guerreros?-

Bruenor hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Anna y Rick mostraron ambos su sorpresa enarcando las cejas y más tarde su respeto con una pronunciada reverencia.

-No sabíamos que se trataba de usted.- murmuró Anna
-Lamentamos la falta de cortesía.- completó Rick
-No hace falta...- Bruenor estaba lo más cercano a ponerse rojo que puede estar un enano.- Pero díganme, ¿de qué murieron los antiguos guerreros?-
-¿A qué se refiere?- preguntó Anna, irguiéndose- Murieron de viejos.-
-¿De viejos?- preguntó Bruenor extrañado- No ha pasado tanto tiempo...-

Anna y Rick se miraron extrañados

-Han pasado más de cien años...- dijo Rick con el ceño fruncido
-¿Cien años?.... Vaya... no puedo creer que haya pasado tanto... Parece como si fuera ayer...-

Drizzt puso los ojos en blanco. Anna reprimió la risa fijando su atención en una roca lejana.

-En fin...-dijo Bruenor, volviendo al presente- ¿Hacia dónde van ahora? Creí que todos los que habían sido llamados estaban ahora en el Monte Muerte-
-Nosotros no fuimos llamados.- dijo Rick- Somos los últimos guerreros que quedamos en Nuther, pero los Maestros nos consideraron demasiado jóvenes para participar en la guerra. íbamos rumbo a NorthWest, donde esperan los paladines que conforman el grueso del ejército-
-Esperábamos que los paladines nos aceptaran como aprendices, por lo menos.- dijo Anna con cierto tono esperanzado en la voz.
-Cosa que dudo mucho.- terminó Rick.

Bruenor arqueó.

-¿Los consideraron incapaces? ¡Pero si pelean mejor que muchos de los guerreros que conozco!-

Ninguno contestó.

-¿Saben algo? Los Maestros del Monte Muerte me dieron autorización de llevar a todo el que considerara de confianza al Castillo. Y ustedes me parecen bastante confiables.-

Ambos se volvieron a verle.

-¿Es en serio?- preguntó Rick.
-Por supuesto.-

...

Una gota de sangre.

Una gota de sangre que había caído en el agua cristalina. Que, durante unos instantes, se había quedado así, una manchita roja en medio de las aguas. Pero se estaba disolviendo, se estaba mezclando con el agua, y si no la sacaba antes, se dispersaría como un mal, como una epidemia, diluyéndose pero expandiéndose, afectando a toda el agua

Una sola gota de sangre.

Maldita sea, no lo había logrado. El jinete se había apresurado tanto como había podido, pero no había logrado adelantar a las consecuencias. No encontraría lo que buscaba en el puerto, pues ya iba más adelante. Se le estaba adelantando... las consecuencias lo estaban dejando atrás...

Una gota de sangre.

...

-No llegaremos pronto a pié al monte muerte.- dijo Rick.- Será mejor llamar a las monturas.-

Anna asintió. Ambos volvieron la vista hacia el sur e hicieron aparecer un par de esferas chispeantes, la de Anna era color Rojo brillante, y la de Rick, dorado. Las lanzaron hacia el lejano horizonte, donde se hicieron pequeñas hasta desaparecer.

Unos instantes después, desde aquél mismo horizonte, se acercaron dos monturas, dos gigantezcos animales. El primero en llegar fué un halcón más alto que dos hombres parados uno sobre el otro. Sus alas eran tan grandes que varios caballos se hubieran protegido del sol bajo ellas. Cuando aterrizó levantó una nube de polvo que los cubrió de la cabeza a los pies

-Hola, Angelus.- dijo Anna con una sonrisa.

El halcón le respondió con un chillido emocionado y encogió las patas lo más que pudo para que Anna pudiera trepar en su lomo.

Segundos después un segundo animal apareció en aquel horizonte, este era un fenix del mismo tamaño que el halcón pero con una larga cola de un color dorado brillante, este aterrizo justo alado de Rick y se agacho para que el pudiera montarlo;

-Hola, Trennemur hace tiempo que no nos veiamos - dijo Rick acariciando la cabeza del animal.

-Suban! - Grito Anna a ambos individuos que aun miraban con admiración a los animales.

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